Duelen. Las piscinas junto al mar duelen. O eso me parece. Al menos a mí se me atragantan. Agua y más agua potable tirada en recipientes de cemento o plástico, inmensos, con una capacidad para miles y miles de litros destinados a refrescar a sus acalorados y adinerados propietarios. La imagen del despropósito. Esos bocados que se le hacen a la tierra para taparla y asfixiarla. Para que allí no crezca nada. Para que sea impermeable. Casas que se encuentran a dos o tres manzanas del mar, esa piscina natural que nos regala el planeta (y que también estamos destruyendo con la invasión de plásticos, basuras diversas y venenos de toda índole. Los humanos somos la plaga más maligna de la historia de la Tierra).
Muchas de esas piscinas se encuentran en urbanizaciones o casas aisladas que usan agua de pozos naturales y que no pagan por cantidad de consumo, sino, en el mejor de los casos, un importe estipulado por los metros de cada finca, tenga piscina o no. Y claro, lo que no se paga con dinero, no se valora –el colmo de la ignorancia–. Y venga a llenar y a vaciar cuantas veces haga falta para así gastar menos electricidad con los filtros y depuradoras –que muchas veces ni existen–.
De la misma forma que hay una ley de costas –muchas veces inútil y salvajemente violada, es verdad– debería existir una ley de piscinas, y que no pudieran construirse en viviendas cercanas al mar. (Cabría hacer una excepción con las públicas y deportivas, claro. El hecho de que puedan usarlas muchas personas y que estén reguladas las justifica.)
¿Y qué hacer con las que ya existen? Plantar árboles. Se les devuelve la tierra que se les arrancó y las plantas que se le extirparon. Se les retorna la vida. Y alrededor de la piscina ya no se cultiva el césped, sino que se hace una pequeña huerta o se plantan hierbas aromáticas. Algo que no exija dispendio de agua tan exagerado e injustificado y que, por otra parte, no sea una fuente de ruidos infernales como lo son los malditos cortacéspedes. (Y otro día hablamos de la necesidad de transformar en parques y jardines los descabellados campos de golf.)
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